Son muchos los problemas, los que diariamente aquejan a la mayoría de la población Mundial. Problemas como la Violencia, la Inseguridad, la pobreza, el desempleo, la discriminación, la corrupción, la contaminación, entre otros, que no solo trastornan nuestro diario vivir, haciendo que perdamos el optimismo y las ganas de seguir luchando por la vida, sino que de paso, modifiquemos nuestra manera de ver y comportarnos frente a los demás, haciéndonos desconfiados, reprimidos, aislados y por último indiferentes.
Es por eso; es decir, porque la cantidad de personas indiferentes cada día aumentan de manera sorprendente y porque dicha indiferencia es una de las causantes de los problemas anteriormente mencionados, es que he decidido crear el siguiente espacio, para que a partir de nuestras reflexiones, propuestas o sugerencias, empecemos, como lo menciona el nombre del Blog, no solo a proponer soluciones, sino la viabilidad de las mismas y de paso, las complementemos con la manera en que estás han funcionado en nuestra vida...
Espero... el presente espacio sea también su lugar de reflexión y que este sea el comienzo de una de las tantas movilizaciones virtuales que reclaman justicia, igualdad y ante todo tranquilidad.
Aquí les envío el primer artículo de reflexión, tomado directamente de el Diario Colombiano "EL ESPECTADOR"...
ResponderEliminarhttp://www.elespectador.com/impreso/columna-252321-vale-pena-morir
¿Por qué vale la pena morir?
Por: Daniel Pacheco
“HOY ESPERAMOS QUE MUERA GENte; más gente que antes”. A través de una transmisión clandestina de radio habla Fathi Terbil, un abogado prominente de la oposición en Libia apostado en Benghazi, la ciudad donde se originó la revuelta que amenaza con tumbar al régimen de Gadafi.
Momentos después salieron a la calle procesiones fúnebres con cientos de personas desarmadas a enterrar a los muertos del día anterior. Como había advertido Terbil, las fuerzas del gobierno atacaron a los manifestantes, dejando todavía más muertos para enterrar al día siguiente.
“No tengo miedo de morir, tengo miedo de perder la batalla, por eso quiero que los medios vean lo que está pasando. Al menos si muero, mucha gente puede ser testigo, y puedo protestar desde todos esos lugares”.
Las palabras de Terbil resumen bien una de las cosas más impresionantes de las revoluciones árabes, que comenzaron el 17 de diciembre cuando Mohamed Bouazizi se prendió fuego en Túnez. El método para enfrentar la opresión, para tumbar gobiernos, ha sido la entrega de la vida.
En dos meses muchedumbres desarmadas, encabezadas por hombres jóvenes dispuestos a recibir balas para convertirse en mártires, han logrado cambios más profundos que años de esfuerzos de los grupos radicales violentos. Ser testigo de cómo esta táctica cruza fronteras y contagia distintos países ha apelado de forma poderosa a la conciencia y las emociones de millones de personas alrededor del mundo. Más allá de las reflexiones sobre la dictaduras y democracia, a mí me lleva a preguntarme por qué estaría yo dispuesto a entregar la vida.
Para que se entienda bien, esta no es una pregunta acerca de por qué vale la pena luchar. La lucha, aunque sí implica un estar dispuesto a dar la vida, también es un esfuerzo tremendo por conservarla, por mejorarla. Caminar hacia las fuerzas mercenarias de Gadafi, en cambio, es una invitación a la muerte por las consecuencias que ésta les puede traer a otros. De nuevo, entonces, ¿por qué vale la pena morir?
Vale la pena morir por amor. No sólo en el sentido romántico, también por amor a la familia, por amor a los amigos de verdad. Morir por amor es, de alguna manera, morir para que otros sigan viviendo o vivan mejor.
Vale la pena morir por expresar lo que uno piensa y lo que uno cree. Porque más allá de que cuando uno esté muerto no va a pensar en nada, vivir sin poder expresarse es renunciar a ser uno mismo.
Vale la pena morir para defender la propiedad. No se trata de hacerse matar por un celular en la calle. Pero en un sentido más extremo, las cosas que uno tiene son el fruto de quien ha sido uno en el mundo. Perderlas por la imposición de otro es como dejarse borrar a sí mismo.
No sé si esto sirva para entender lo que pasa en África del Norte. Tal vez algo así sólo se logre entender caminando en dirección a las balas"